Revisamos el historial laboral, proyectamos los escenarios y acompañamos el proceso de pensión por cesantía en edad avanzada o vejez. Primero los números, después el trámite — nunca al revés.
Lo primero que hay que entender: la pensión se calcula con lo que está registrado, no con lo que la persona trabajó. Y casi siempre hay diferencia — semanas que no aparecen, un patrón que nunca dio el alta, salarios registrados por debajo de lo que se pagaba. Varias de esas cosas se pueden corregir antes de iniciar el trámite. Después, ya no.
La mayoría de la gente llega al tema por el final: quiere iniciar el trámite. Y ahí es donde se pierde dinero de forma irreversible, porque el trámite fija el resultado con la información que exista ese día.
Cuando revisamos un historial antes, lo que aparece es casi siempre lo mismo: periodos trabajados que no están reconocidos, semanas que se cotizaron con dos patrones y quedaron mal empalmadas, un salario registrado que no corresponde al que de verdad se percibía. Cada uno de esos puntos mueve el cálculo, y varios tienen forma de corregirse con la documentación adecuada.
El segundo error es tratar la fecha como algo dado. La edad, las semanas acumuladas, el salario de los últimos periodos y —según el régimen— el saldo ahorrado se mueven con el tiempo: hay una ventana en la que la decisión rinde mejor. La mayoría se pensiona en la fecha en que se cansó, no en la que le convenía.
Es la distinción que define todo lo demás. Quienes empezaron a cotizar al IMSS antes de julio de 1997 tienen derecho al régimen anterior: la pensión la paga el Instituto y se calcula con el salario promedio de los últimos años cotizados y las semanas acumuladas. Quienes empezaron después están en el régimen de cuentas individuales: lo que determina la pensión es el saldo en la AFORE y el número de semanas.
Son lógicas contrarias. En una conviene cuidar el salario de los últimos años; en la otra, el ahorro acumulado. La estrategia que sirve en un régimen puede ser inútil en el otro, y ese es el error más frecuente de los consejos de pasillo.
Qué está reconocido, qué falta y qué se puede corregir. Es el punto de partida, no un paso administrativo.
Escenarios con números, según régimen aplicable, semanas, salario y fecha. Para decidir con datos, no con supuestos.
Lo que legítimamente se puede mejorar antes de iniciar: correcciones de registro, momento del trámite, continuidad de cotización.
El trámite ante el IMSS, de principio a fin, con la documentación integrada.
Dos razones concretas. La primera es de gente: un trabajador con muchos años en la empresa que se acerca al retiro sin saber qué le corresponde posterga la decisión, y ese limbo se administra mal para las dos partes. Acompañarlo con información real convierte una salida incómoda en una transición ordenada.
La segunda es de riesgo propio: al revisar el historial de un trabajador salen a la luz los huecos del registro patronal —altas tardías, salarios mal integrados—, que son exactamente lo que después llega como requerimiento del IMSS. Es un servicio de bienestar que además audita tu cumplimiento.
Una nota honesta: en esta página no publicamos cifras de semanas ni de edades. El requisito depende del régimen y, en el de cuentas individuales, cambió con la reforma de 2020 y se ajusta año con año — darte un número equivocado en una decisión de este tamaño es peor que no darte ninguno. Tu caso lo revisamos contra tu historial.
Porque la pensión se calcula con lo que está registrado, no con lo que la persona trabajó. Y en la práctica casi siempre hay diferencia: semanas que no aparecen, periodos con un patrón que nunca dio el alta, salarios registrados por debajo de lo que se pagaba, movimientos duplicados.
Cada una de esas cosas cambia el resultado, y varias se pueden corregir antes de iniciar el trámite. Empezar por el trámite y descubrir después el hueco es lo que deja a la gente con una pensión menor a la que le correspondía.
Es la diferencia más importante del tema y define todo lo demás. Quienes empezaron a cotizar al IMSS antes de julio de 1997 tienen derecho al régimen anterior, donde la pensión la paga el Instituto y se calcula con el salario promedio de los últimos años cotizados y las semanas acumuladas.
Quienes empezaron después están en el régimen de cuentas individuales, donde lo que determina la pensión es el saldo ahorrado en la AFORE y el número de semanas. Son dos lógicas distintas: en una conviene cuidar el salario de los últimos años, en la otra el ahorro acumulado. La estrategia que sirve en un régimen puede ser inútil en el otro.
Depende del régimen que te aplique, y en el de cuentas individuales el número de semanas exigido cambió con la reforma de 2020 y se ajusta año con año, así que el requisito no es el mismo para quien se pensiona este año y el siguiente.
Por eso no publicamos una cifra: darte un número equivocado en una decisión de este tamaño es peor que no darte ninguno. Lo que sí podemos hacer, y es lo primero que hacemos, es revisar tu caso concreto contra tu historial y decirte con precisión dónde estás y qué te falta.
Sí, y a veces bastante. La edad al momento de pensionarse, las semanas acumuladas, el salario de los últimos periodos cotizados y —en el régimen de cuentas individuales— el saldo ahorrado son variables que se mueven con el tiempo.
Eso significa que existe una ventana en la que la decisión rinde mejor. Proyectamos los escenarios para que la persona decida con números enfrente y no por la fecha en que se cansó, que es como se toma la mayoría de estas decisiones.
Por dos razones concretas. La primera es de gente: un trabajador con muchos años en la empresa que se acerca al retiro sin saber qué le corresponde suele posponer la decisión, y ese limbo se administra mal para las dos partes. Acompañarlo con información real convierte una salida incómoda en una transición ordenada.
La segunda es de riesgo: cuando se revisa el historial aparecen los huecos de registro patronal —altas tardías, salarios mal integrados—, que son exactamente lo que después llega como requerimiento del IMSS. Es un servicio de bienestar que además audita tu propio cumplimiento.
Depende de si es un caso individual o un grupo de trabajadores, del estado del historial y de si hay correcciones que gestionar antes del trámite. No publicamos tarifas ni plazos: un historial limpio y uno con periodos faltantes no son el mismo trabajo.
El primer paso es una conversación y la revisión del historial; de ahí sale el alcance y el costo. Escríbenos al +52 33 1303 6913 o a admonth@famesc.com.
Es la única parte del proceso que todavía se puede corregir. Después ya no.